Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos para Todos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos para Todos. Mostrar todas las entradas

LOS PAVOS NO VUELAN


Un paisano encontró en Catamarca un huevo muy grande.
Nunca había visto nada igual. Y decidió llevarlo a su casa.
-¿Será de un avestruz? -preguntó a su mujer.
-No. Es demasiado abultado -dijo el abuelo.
-¿Y si lo rompemos? -propuso el ahijado.
-Es una lástima. Perderíamos una hermosa curiosidad
-respondió cuidadosa la abuela.
-Ante la duda, lo voy a colocar debajo de la pava que
está empollando huevos. Tal vez con el tiempo nazca
algo- afirmó el paisano, y así lo hizo.

Cuenta la historia que a los quince días nació un
pavito oscuro, grande, nervioso, que con mucha avidez
comió todo el alimento que encontró a su alrededor.
Luego miró a la madre con vivacidad y le dijo
entusiasta:
-Bueno, ahora vamos a volar.

La pava se sorprendió muchísimo de la proposición de
su flamante cría y le explicó:
-Mira, los pavos no vuelan. Te sienta mal comer
deprisa. Entonces trataron de que el pequeño comiera
más despacio, el mejor alimento y en la medida justa.
El pavito terminaba su almuerzo o cena, su desayuno o
merienda y les decía a sus hermanos:
-Vamos, muchachos ¡a volar!
Todos los pavos le explicaban entonces otra vez:
-Los pavos no vuelan. A ti te sienta mal la comida.
El pavito empezó a hablar más de comer y menos de
volar. Y creció y murió en la pavada general: ¡pero
era un cóndor! Había nacido para volar hasta los 7,000
metros. ¡Pero nadie volaba..!
El riesgo de morir en la pavada general es muy grande.
¡Como nadie vuela!
Muchas puertas están abiertas porque nadie las cierra
y otras están cerradas porque nadie las abre.
El miedo al hondazo es terrible. La verdadera
protección está en las alturas. Especialmente cuando
hay hambre de elevación y buenas alas.

Cicatrices del pasado


En un día caluroso de verano en el sur de la Florida, EE.UU., un niño decidió ir a nadar en la laguna detrás de su casa. Salió corriendo por la puerta trasera, se tiró en el agua y nadaba feliz. No se daba cuenta de que un cocodrilo se le acercaba.

Su mamá desde la casa miraba por la ventana, y vió con horror lo que sucedía. Enseguida corrió hacia su hijo gritándole lo más fuerte que podía. Al oírla el niño se alarmó, giró y nadó hacia su mamá. Pero fue demasiado tarde. Desde el muelle la mamá tomó al niño por sus brazos justo cuando el cocodrilo le agarraba sus piernitas.

La mujer tiraba determinada, con toda las fuerzas de su corazón.
El cocodrilo era más fuerte, pero la mamá era mucho más apasionada y su amor no la abandonaba.
Un señor que escuchó los gritos se apresuró hacia el lugar con una pistola y mató al cocodrilo.

El niño sobrevivió y, aunque sus piernas sufrieron bastante, aún pudo llegar a caminar.
Cuando salió del trauma, un periodista le preguntó al niño si le quería enseñar las cicatrices de sus pies.
El niño levantó la colcha y se las mostró.
Pero entonces, con gran orgullo se remango las mangas y señalando hacia las cicatrices en sus brazos y le dijo: “Pero las que usted debe ver son estas”.

Eran las marcas de las uñas de su mamá que habían presionado con fuerza. “Las tengo porque mamá no me soltó y me salvó la vida”.

Nosotros también tenemos las cicatrices de un pasado doloroso.
Algunas son causadas por nuestros pecados, pero algunas son la huella de Dios que nos ha sostenido con fuerza para que no caigamos en las garras del mal.

Recuerda que si te ha dolido alguna vez el alma, es porque Dios, te ha agarrado demasiado fuerte para que no caigas.

La carreta vacía


Caminaba con mi padre cuando él se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó: -Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas alguna cosa más? Agudicé mis oídos y algunos segundos después le respondí: -Estoy escuchando el ruido de una carreta. -Eso es -dijo mi padre-, es una carreta vacía. Pregunté a mi padre: -¿Cómo sabes que es una carreta vacía, si aún no la vemos? Entonces mi padre respondió: -Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, por el ruido. Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace. Me convertí en adulto, y ahora, cuando veo a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportuna o violenta, presumiendo de lo que tiene, sintiéndose prepotente y haciendo de menos a la gente, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo que cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace. La humildad consiste en callar nuestras virtudes y permitirle a los demás descubrirlas. Nadie está más vacío que aquel que está lleno de sí mismo.


El anciano y la vela


Un anciano, en su lecho de muerte, llamó a sus tres hijos y les dijo:
-No puedo dividir en tres lo que poseo.
Eso dejaría muy pocos bienes para cada uno de vosotros.
He decidido dar todo lo que tengo, como herencia, al que se muestre más hábil, más inteligente.
Dicho de otra manera: a mi mejor hijo.
He dejado encima de la mesa una moneda para cada uno de vosotros.
Cogedla.
El que compre con esa moneda algo con lo que llenar la casa se quedará con todo.

Se fueron.
El primer hijo compró paja, pero sólo consiguió llenar la casa hasta la mitad.
El segundo compró sacos de plumas, pero no consiguió llenar la casa más que el anterior.
El tercer hijo, que consiguió la herencia, sólo compró un pequeño objeto.
Era una vela.
Esperó hasta la noche, encendió la vela y llenó la casa de luz.

Granadas para curar


Un estudiante fue con un maestro para aprender el arte de curar. Vieron venir a un paciente y el maestro dijo:

-Este hombre necesita granadas para curar.

El estudiante recibió al paciente y le dijo:

-Tiene usted que tomar granadas, es todo lo que necesita.

El hombre se fue protestando y probablemente no consideró en serio el consejo. El estudiante corrió a su maestro y preguntó qué es lo que había fallado. El maestro no dijo nada y esperó a que de nuevo se dieran las circunstancias.

Pasó un tiempo y el maestro dijo de otro paciente:

-Ese hombre necesita granadas para curar, pero esta vez seré yo quién actúe.

Le recibió y se sentaron, hablaron de su familia, de su trabajo, de su situación, dificultades e ilusiones. El maestro con aire pensativo dijo como para sí mismo:

-Necesitarías algún fruto de cáscara dura, anaranjada, y que en su interior contenga granos jugosos de color granate.

El paciente interrumpió exclamando:

-¡Granadas!, ¿y eso es lo que podría mejorarme?.

El paciente curó y el estudiante tuvo una ocasión más para aprender. El remedio es la mitad de la cura, la otra mitad es la respuesta de aquel a quien se cura.

¿Buena suerte o mala suerte?


Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, era su bien más preciado. Un día el caballo se escapó saltando por encima de las bardas que hacían de cuadra. El vecino que se percató de este hecho corrió a la puerta de nuestro hombre diciéndole:

-Tu caballo se escapó, ¿que harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Dios lo sabe.

Pasó algún tiempo y el caballo volvió a su redil con diez caballos salvajes con los que se había unido. El vecino al observar esto, otra vez llamó al hombre y le dijo:

-No solo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez caballos más, podrás vender y criar. ¡Qué buena suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Dios lo sabe.

Más adelante el hijo de nuestro hombre montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y calló al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle:

-¡Qué mala suerte has tenido! Tu hijo se accidentó y no podrá ayudarte, tu eres ya viejo y sin su ayuda tendrás muchos problemas para realizar todos los trabajos.

El hombre, otra vez lo miró y dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Dios lo sabe.

Pasó el tiempo y en ese país estalló la guerra con el país vecino de manera que el ejército iba por los campos reclutando a los jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al de nuestro hombre se le declaró no apto por estar imposibilitado. Nuevamente el vecino corrió diciendo:

-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido!

Otra vez el hombre lo miró diciendo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Dios lo sabe.

La rosa y el sapo


Había una vez una rosa roja muy bella, se sentía de maravilla al saber que era la rosa más bella del jardín. Sin embargo, se daba cuenta de que la gente la veía de lejos. .... Se dio cuenta de que al lado de ella siempre había un sapo grande y oscuro, y que era por eso que nadie se acercaba a verla de cerca. Indignada ante lo descubierto le ordenó al sapo que se fuera de inmediato; el sapo muy obediente dijo: Está bien, si así lo quieres. Poco tiempo después el sapo pasó por donde estaba la rosa: y se sorprendió al ver la rosa totalmente marchita, sin hojas y sin pétalos. -Le dijo entonces: Vaya que te ves mal. ¿Qué te pasó?La rosa contestó: Es que desde que te fuiste las hormigas me han comido día a día, y nunca pude volver a ser igual. El sapo solo contestó:Pues claro, cuando yo estaba aquí me comía a esas hormigas y por eso siempre eras la más bella del jardín.
Moraleja:

Muchas veces despreciamos a los demás por creer que somos mas que ellos,más bellos o simplemente que no nos "sirven" para nada. Todos tenemos algo que aprender de los demás o algo que enseñar, y nadie debe despreciar a nadie. No vaya a ser que esa persona nos haga un bien del cual ni siquiera estemos conscientes. No hagamos acepción de personas, por su aspecto. Dios creo con el mismo amor a la rosa que al sapo.

EL HOMBRE Y EL MUNDO









Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos. Pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas.

Cierto día, su hijo de 7 años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lugar. Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiese darle con el objetivo de distraer su atención.

De repente se encontró con una revista en donde venía el mapa del mundo ¡Justo lo que precisaba!. Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo: "Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto, para que lo repares sin ayuda de nadie".

Entonces calculó que al pequeño le llevaría días componer el mapa, pero no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente. "Papá, ya hice todo, conseguí terminarlo".

Al principio el padre no dio crédito a las palabras del niño. Pensó que sería imposible que, a su edad, hubiera conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes. Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño.

Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares.

¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz?

-Hijito, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lograste armarlo?

-Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre ...

Así que dí vuelta a los recortes y comencé a recomponer al hombre, que si sabía como era. Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta la hoja y vi que había arreglado al mundo.

El paquete de galletas


A una estación de trenes llega una tarde, una señora muy elegante. En la ventanilla le informan que el tren está retrasado y que tardará aproximadamente una hora en llegar a la estación. Un poco fastidiada, la señora va al puesto de diarios y compra una revista, luego pasa al kiosco y compra un paquete de galletitas y una lata de gaseosa.
Preparada para la forzosa espera, se sienta en uno de los largos bancos del andén. Mientras hojea la revista, un joven se sienta a su lado y comienza a leer un diario.
Imprevistamente la señora ve, por el rabillo del ojo, cómo el muchacho, sin decir una palabra, estira la mano, agarra el paquete de galletitas, lo abre y después de sacar una comienza a comérsela despreocupadamente.
La mujer está indignada. No está dispuesta a ser grosera, pero tampoco a hacer de cuenta que nada ha pasado; así que, con gesto ampuloso, toma el paquete y saca una galletita que exhibe frente al joven y se la come mirándolo fijamente.
Por toda respuesta, el joven sonríe... y toma otra galletita. La señora gime un poco, toma una nueva galletita y, con ostensibles señales de fastidio, se la come sosteniendo otra vez la mirada en el muchacho.
El diálogo de miradas y sonrisas continúa entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, el muchacho cada vez más divertido. Finalmente, la señora se da cuenta de que en el paquete queda sólo la última galletita.
"No podrá ser tan caradura", piensa, y se queda como congelada mirando alternativamente al joven y a las galletitas. Con calma, el muchacho alarga la mano, toma la última galletita y, con mucha suavidad, la corta exactamente por la mitad. Con su sonrisa más amorosa le ofrece media a la señora.
- Gracias! - dice la mujer tomando con rudeza la media galletita.
- De nada - contesta el joven sonriendo angelical mientras come su mitad.
El tren llega. Furiosa, la señora se levanta con sus cosas y sube al tren. Al arrancar, desde el vagón ve al muchacho todavía sentado en el banco del andén y piensa: "Insolente". Siente la boca reseca de ira. Abre la cartera para sacar la lata de gaseosa y se sorprende al encontrar, cerrado, su paquete de galletitas... !Intacto!. Sólo entonces percibió lo equivocada que estaba. Habí­a olvidado que sus galletas estaban guardadas dentro de su bolso!
Y comio las galletitas del joven ayyy.

Dice un viejo proverbio ...
"Peleando, juzgando antes de tiempo y alterándose no se consigue jamás lo suficiente; pero siendo justo, cediendo y observando a los demás con una simple cuota de serenidad, se consigue más de lo que se espera".

EL samurai


Cerca de Tokio vivía un gran samurai ya anciano, que se dedicaba a enseñar a los jóvenes.

A pesar de su edad, corría la leyenda de que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario.

Cierta tarde, un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos, apareció por allí. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación.
Esperaba a que su adversario hiciera el primer movimiento y, dotado de una inteligencia privilegiada para reparar en los errores cometidos, contraatacaba con velocidad fulminante.
El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una lucha. Con la reputación del samurai, se fue hasta allí para derrotarlo y aumentar su fama.

Todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo aceptó el desafío.

Juntos, todos se dirigieron a la plaza de la ciudad y el joven comenzaba a insultar al anciano maestro. Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió en la cara, le gritó todos los insultos conocidos -ofendiendo incluso a sus ancestros-.
Durante horas hizo todo por provocarlo, pero el viejo permaneció impasible.

Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró.

Desilusionados por el hecho de que el maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:
-¿Cómo pudiste, maestro, soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usaste tu espada, aún sabiendo que podías perder la lucha, en vez de mostrarte cobarde delante de todos nosotros?
El maestro les preguntó:
-Si alguien llega hasta ustedes con un regalo y ustedes no lo aceptan, ¿a quién pertenece el obsequio?
-A quien intentó entregarlo- respondió uno de los alumnos.
- Lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos -dijo el maestro-.
Cuando no se aceptan, continúan perteneciendo a quien los llevaba consigo.

PALABRAS QUE BRILLAN


Un hombre había pintado un lindo cuadro.

El día de la presentación al público, asistieron las autoridades locales, fotógrafos, periodistas, y mucha gente, pues se trataba de un famoso pintor, reconocido artista.


Llegado el momento, se tiró el paño que revelaba el cuadro. Hubo un caluroso aplauso.

Era una impresionante figura de Jesús tocando suavemente la puerta de una casa.

Jesús parecía vivo. Con el oído junto a la puerta, parecía querer oír si adentro de la casa alguien le respondía.

Hubo discursos y elogios. Todos admiraban aquella preciosa obra de arte.

Un observador muy curioso, encontró una falla en el cuadro. La puerta no tenía cerradura.

Y fue a preguntar al artista: "Su puerta no tiene cerradura, ¿Cómo se hace para abrirla? "

"Así es," respondió el pintor. "Porque esa es la puerta del corazón del hombre, sólo se abre por el lado de adentro"

Dar de corazón


Hubo una vez un limosnero que estaba tendido al lado de la calle. Vio a lo lejos venir al Rey con su Corona y Capa. Pensó:

- “Le voy a pedir y seguramente me dará bastante”.

Y cuando el Rey pasó cerca, le dijo:

- “Su Majestad, ¿Me podría, por favor, regalar una moneda?”

Aunque en su interior pensaba que el Rey le iba a dar mucho más.

El Rey le miró y le dijo:

- “¿Por qué no me das algo tú? ¿Acaso no soy tu Rey?”.

El mendigo no sabía que responder a la pregunta y dijo:

- “Pero Su Majestad, ¡YO NO TENGO NADA!”.

El Rey respondió:

- “Algo debes tener. ¡BUSCA!”

Entre su asombro y enojo el mendigo buscó entre sus cosas y supo que tenía una naranja, un pedazo de pan y unos granos de arroz

El mendigo pensó que el pedazo de pan y la naranja eran mucho para darle, así que en medio de su enojo tomó 5 granos de arroz y se los dio al Rey.

Complacido el Rey dijo:

- “VES COMO ¡SI TENIAS!”.

Y le dio 5 Monedas de Oro, una por cada grano de arroz.

El Mendigo dijo entonces:

- “Su Majestad, creo que acá tengo otras cosas”

Pero el rey no le hizo caso y dijo:

- “Solamente de lo que me has dado de corazón, te puedo Yo dar”.

Segunda Chance

Había un hombre muy rico que poseía muchos bienes, una gran estancia, mucho ganado, varios empleados, y un único hijo, su heredero.

Lo que más le gustaba al hijo era hacer fiestas, estar con sus amigos y ser adulado por ellos.
Su padre siempre le advertía que sus amigos solo estarían a su lado mientras él tuviese algo que ofrecerles; después, lo abandonarían.

Un día, el viejo padre, ya avanzado en edad, dijo a sus empleados que le construyan un pequeño establo.
Dentro de él, el propio padre preparó una horca y, junto a ella, una placa con algo escrito:

“PARA QUE NUNCA DESPRECIES LAS PALABRAS DE TU PADRE.”

Más tarde, llamó a su hijo, lo llevó al establo, y le dijo:
“Hijo mío, yo ya estoy viejo y, cuando yo me vaya, tú te encargarás de todo lo que es mío...

Y yo sé cual será tu futuro.

Vas a dejar la estancia en manos de los empleados y vas a gastar todo el dinero con tus amigos.
Venderás todos los bienes para sustentarte y, cuando no tengas mas nada, tus amigos se apartarán de ti.
Solo entonces te arrepentirás amargamente
por no haberme escuchado.

Fue por esto que construí esta horca.”

“Quiero que me prometas que, si sucede lo que yo te dije, te ahorcarás en ella.”
El joven se rió, pensó que era un absurdo, pero, para no contradecir al padre, prometió, pensando que eso jamás podría suceder.

El tiempo pasó, el padre murió, y su hijo se encargó de todo, pero, así como su padre había previsto, el joven gastó todo, vendió los bienes, perdió sus amigos y hasta la propia dignidad.

Desesperado y afligido, comenzó a reflexionar sobre su vida y vio que había sido un tonto.
Se acordó de las palabras de su padre y comenzó a decir:

“Ah, padre mío...

Si yo hubiese escuchado tus consejos... Pero ahora es demasiado tarde.”

Apesadumbrado, el joven levantó la vista y vio el establo. Con pasos lentos, se dirigió hasta allá y entrando, vio la horca y la placa llenas de polvo, y entonces pensó:

“Yo nunca seguí las palabras de mi padre, no pude darle alegría cuando estaba vivo, pero, al menos esta vez, haré su voluntad. Voy a cumplir mi promesa. No me queda nada mas...” Entonces, él subió los escalones, se colocó la cuerda en el cuello, y pensó:
“Ah, si yo tuviese una nueva chance...”

Entonces, se tiró desde lo alto de los escalones y, por un instante, sintió que la cuerda apretaba su garganta... Era el fin.

Pero el brazo de la horca era hueco. Se quebró fácilmente y el joven cayó al piso.
Sobre él cayeron joyas, esmeraldas, perlas, rubíes, safiros y brillantes, muchos brillantes...
La horca estaba llena de piedras preciosas y una nota también cayó en medio de ellas.

En ella estaba escrito:

Esta es tu nueva chance.
¡Te amo hijo!

Dios es exactamente así con nosotros.

Cuando nos arrepentimos, podemos
ir hasta él.
El siempre nos da una nueva chance.

LOS TRES ANCIANOS


Una mujer salió de su casa y vio a tres ancianos con largas barbas
blancas sentados al frente de su casa.

No los reconocía, Dijo "creo que no los conozco pero deben de estar hambrientos!!, Por favor entren y tengan algo de comer".

"Esta el hombre de la casa dentro preguntaron?".
"No", dijo ella. Él esta fuera.
Entonces no podemos entrar, replicaron.

Al anochecer cuando su esposo llegó a casa, le contó lo que había ocurrido.
"Ve a decirles que estoy en casa e invítalos a entrar".

La mujer salió e invitó a los hombre a entrar. "Nosotros no entramos a la casa juntos", replicaron.

?Por que?, Quería saber ella.

Uno de los ancianos explico: "su nombre es Riqueza", dijo señalando a
uno de sus amigos, y luego dijo señalando al otro, "el es Exito y yo soy Amor".
Luego agrego,
ahora entra a tu casa y conversa con tu esposo sobre a cual de nosotros quiere en su casa.

La mujer fue y le contó a su esposo lo que le había dicho. Su esposo estaba encantado! Que bonito!, Dijo.
Ya que este es el caso invitemos a la Riqueza, déjalo entrar y que llene nuestra casa de Riqueza.

Su esposa no estaba de acuerdo.
Querido por que no invitamos a Éxito.

Su nuera estaba escuchando desde el otro lado de la casa. Salto con su propia sugerencia: No seria mejor invitar a Amor, nuestra casa se
llenaría de Amor.

Escuchemos el consejo de nuestra nuera dijo el esposo a su esposa. Ve e invita a Amor para que sea nuestro invitado. La mujer salió y le pregunto a los tres ancianos?
¿Quién de ustedes es Amor?, Por favor entre y
sea nuestro invitado.

Amor se levanto y empezó a caminar hacia la casa. Los otros 2 se
pararon y lo siguieron.

Sorprendida, la señora le pregunto a Riqueza y a
Exito;
solo invite a Amor? Porque vienen ustedes?.

Los ancianos replicaron juntos
"si tu hubieras invitado a la Riqueza o al Exito, los otros dos de nosotros nos hubiéramos quedado afuera, pero como invitaste al Amor, entraremos juntos, pues dondequiera que él vaya, nosotros le acompañamos. Donde quiera que haya Amor, también habrá Éxito y con él La Riqueza.

La flor de la honestidad


Se cuenta que allá para el año 250 A.C., en la China antigua, un príncipe
de la región norte del país estaba por ser coronado emperador, pero de
acuerdo con la ley, él debía casarse. Sabiendo esto, él decidió hacer una
competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de
su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una
celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío.

Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los
comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía
que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe.
Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber
que ella quería ir a la celebración. Sin poder creerlo le preguntó: "¿Hija
mía, que vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la
corte estarán allí. Sácate esa idea ins ensata de la cabeza. Sé que debes
estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura" Y la
hija respondió: "No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy
loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por
lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz"

Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas
más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las
más determinadas intenciones. Entonces, finalmente, el príncipe anunció el
desafío: "Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la
flor más bella dentro de seis meses será escogida por mí, esposa y futura
emperatriz de China"

La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que
valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean: costumbres,
amistades, relaciones, etc. El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía
mucha habilidad en las artes de la jardine ría, cuidaba con mucha
paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor
surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado. Pasaron
tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía
pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor
era más profundo. Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado.
Consciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre
que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha
y hora acordadas sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos.

En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras
pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más
variadas formas y colores. Ella estaba admirada. Nunca había visto una
escena tan bella. Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe
observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención.
Después de pasar p or todas, una a una, anunció su resultado. Aquella
bella joven con su vaso vacío sería su futura esposa. Todos los presentes
tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había
escogido justamente a aquella que no había cultivado nada. Entonces, con
calma el príncipe explicó: "Esta fue la única que cultivó la flor que la
hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad. Todas
las semillas que entregué eran estériles"

Maravilloso relato, ¿no? En tiempos donde lo importante parecen ser los
resultados, los logros, lo visible, cultivar el valor de la honestidad
parece un valor perdido... Somos capaces de inventar los más variados
argumentos para excusarnos, por no decir "me equivoqué, tienes razón, no
sé acerca de esto". Opinamos sobre todo, juzgamos a todos... la "viveza"
se ha convertido en un valor, encubriendo la mentira, el engaño, la falta
de honestidad para con nosotros mismos... La verdad, la sinceridad, la
humildad... no son virtudes exacerbadas en los cartoons para niños, ni en
las publicidades para adultos hemos confundido el significado de la
palabra ÉXITO.
Si he terminado mi día siendo leal a mí mismo, sin traicionar mis
creencias y mis sentimientos, sin dejar de ser quien soy para quedar bien
u obtener resultados... ese ha sido un día de éxito. Puedes hacer de este,
un día exitoso... de ti depende.

El roble y la hiedra


Un hombre edificó su casa. Y la embelleció con un jardín interno. En el centro plantó un roble. Y el roble creció lentamente. Día a día echaba raíces y fortalecía su tallo, para convertirlo en tronco, capaz de resistir los vientos y las tormentas. Junto a la pared de su casa plantó una hiedra y la hiedra comenzó a levantarse velozmente. Todos los días extendía sus tentáculos llenos de ventosas, y se iba alzando adherida a la pared. Al cabo de un tiempo la hiedra caminaba sobre los tejados. El roble crecía silenciosa y lentamente. - "¿Cómo estás, amigo roble?", preguntó una mañana la hiedra. -" Bien, mi amiga" contestó el roble. -" Eso dices porque nunca llegaste hasta esta altura ", agregó la hiedra con mucha ironía. "Desde aquí se ve todo tan distinto. A veces me da pena verte siempre allá en el fondo del patio". -" No te burles, amiga", respondió muy humilde el roble. " Recuerda que lo importante no es crecer deprisa, sino con firmeza ". Entonces la hiedra lanzó una carcajada burlona. Y el tiempo siguió su marcha. El roble creció con su ritmo firme y lento. Las paredes de la casa envejecieron. Una fuerte tormenta sacudió con un ciclón la casa y su jardín. Fue una noche terrible. El roble se aferró con sus raíces para mantenerse erguido. La hiedra se aferró con sus ventosas al viejo muro para no ser derribada. La lucha fue dura y prolongada. Al amanecer, el dueño de la casa recorrió su jardín, y vio que la hiedra había sido desprendida de la pared, y estaba enredada sobre sí misma, en el suelo, al pie del roble. Y el hombre arrancó la hiedra, y la quemó. Mientras tanto el roble reflexionaba: " Es mejor crecer sobre raíces propias y crear un tronco fuerte, que ganar altura con rapidez, colgados de la seguridad de otros. "

EL FLORERO DE PORCELANA


El Gran Maestro y el Guardián se dividían la administración de un monasterio Zen.

Cierto día, el Guardián murió, y fue preciso sustituirlo.

El Gran Maestro reunió a todos los discípulos para escoger quién tendría la honra de trabajar directamente a su lado.

- Voy a presentarles un problema -dijo el Gran Maestro- y aquél que lo resuelva primero, será el nuevo guardián del Templo.

Terminado su corto discurso, colocó un banquito en el centro de la sala. Encima estaba un florero de porcelana carísimo, con una rosa roja que lo decoraba.

- Éste es el problema -dice el Gran Maestro -resuélvanlo-.

Los discípulos contemplaron perplejos el "problema", por lo que veían los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y la elegancia de la flor. ¿Qué representaba aquello?
¿Qué hacer? ¿Cuál sería el enigma?

Pasó el tiempo sin que nadie atinase a hacer nada salvo contemplar el "problema", hasta que uno de los discípulos se levantó, miró al maestro y a los alumnos, caminó resolutamente hasta el florero y lo tiró al suelo, destruyéndolo.

- ¡¡¡ Al fin alguien que lo hizo !!! - exclamó el Gran Maestro-
Empezaba a dudar de la formación que les hemos dado en todos estos años , Usted es el nuevo guardián.

Al volver a su lugar el alumno, el Gran Maestro explicó:

- Yo fui bien claro: dije que ustedes estaban delante de un "problema". No importa cuán bello y fascinante sea un problema, tiene que ser eliminado.
Un problema es un problema; puede ser un florero de porcelana muy caro, un lindo amor que ya no tiene sentido, un camino que precisa ser abandonado, por más que insistimos en recorrerlo porque nos trae comodidad... "Solo existe una manera de lidiar con un problema": atacándolo de frente.
En estas horas, no se puede tener piedad, ni ser tentado por el lado fascinante que cualquier conflicto acarrea consigo.

Recuerda que un problema, es un problema.

No tiene caso tratar de "acomodarlo" y darle vueltas, si al fin y al cabo ya no es otra cosa más que "UN PROBLEMA".
Déjalo, hazlo a un lado y continúa tu misión.
No huyas de él... No lo escondas ...

¡ Acaba con él.!

AMISTAD


"Mi amigo no ha regresado del campo de batalla, señor. Solicito permiso para ir a buscarlo". "Permiso denegado", replicó el oficial. "No quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente ha muerto". El soldado, haciendo caso omiso de la prohibición, salió, y una hora más tarde regresó mortalmente herido, transportando el cadáver de su amigo. El oficial estaba furioso: "¡Ya le dije yo que había muerto! ¡Ahora he perdido a dos hombres! Dígame, ¿merecía la pena salir allá para traer un cadáver?" Y el soldado, moribundo, respondió: "¡Claro que sí, señor! Cuando lo encontré, todavía estaba vivo y pudo decirme: Juan... estaba seguro de que vendrías".

PERSEVERANCIA Y CONFIANZA


EN UNA OCASIÓN EN LA CARRERA DE LOS 100 MTS CON OBSTÁCULOS DE LAS OLIMPIADAS DE 1980, SALIERON LOS 8 COMPETIDORES.
EL NÚMERO 5 TIRÓ EL PRIMER OBSTÁCULO, LUEGO EL SEGUNDO Y EL TERCERO; SU DESESPERACIÓN FUE TANTA QUE NO PUDO SALTAR TOTALMENTE EL CUARTO Y TROPEZÓ CON EL, CAYENDO PESADAMENTE. DESDE EL SUELO VIO A LOS DEMÁS ALEJARSE, SIN EMBARGO SE PUSO EN PIÉ
Y CONTINUÓ LA CARRERA; SE DIO CUENTA DE QUE SU RODILLA SANGRABA Y QUE SU PIERNA NO TENÍA LA FUERZA NECESARIA POR EL GOLPE, PERO AÚN CONTINUÓ; TROPEZANDO MAS ADELANTE CON OTRO OBSTÁCULO Y CAYENDO NUEVAMENTE.

EN ESE PUNTO YA LOS OTROS COMPETIDORES HABÍAN PASADO LA META Y LOS QUE ESTABAN ALREDEDOR DE LA PISTA LE DECÍAN QUE SALIERA DE LA PISTA PUES ESTABA SANGRANDO Y DE TODAS FORMAS YA NO IBA A GANAR LA CARRERA, PERO ESTE ATLETA NO LES HIZO CASO, SE LEVANTÓ Y SIGUIÓ ADELANTE, SU OBJETIVO ERA LLEGAR A LA META, Y LO IBA A LOGRAR SIN IMPORTAR LO QUE PASARA. LA GENTE EN LAS GRADERÍAS ESTABA ATÓNITA AL VER LA PERSISTENCIA DE AQUEL HOMBRE.

FINALMENTE LLEGÓ AL FINAL DE LA PISTA, EN ESE MOMENTO TODO EL ESTADIO OLÍMPICO SE PUSO DE PIÉ, Y ESTALLÓ EN UNA OVACIÓN AL HOMBRE QUE HABÍA DEMOSTRADO QUE ERA LO MÁS IMPORTANTE EN UNA
CARRERA...

PERSEVERAR HASTA EL FINAL SIN IMPORTAR LOS TROPIEZOS!

EN ESTA VIDA MIS AMIGOS SENTIMOS MUCHAS VECES QUE HEMOS CAÍDO DEMASIADO Y QUE YA NO PODEMOS MAS, PUES PENSAMOS QUE LA CARRERA
ESTÁ PERDIDA. NUNCA ESTÁS TAN ABAJO QUE DIOS NO TE PUEDA LEVANTAR, NI TAN LEJOS QUE DIOS NO TE PUEDA ALCANZAR. SIGUE! SIGUE HASTA EL FINAL... QUE AHÍ ESTARÁ TU CREADOR CON LOS BRAZOS ABIERTOS... APLAUDIENDO TU PERSEVERANCIA Y CONFIANZA EN EL, Y DISPUESTO A ENTREGARTE TU CORONA DE VENCEDOR... SIGUE!!!

El Eco


Cuentan que un niño que paseaba por la montaña con su papá, tropezó y gritó ¡Ay!... de inmediato a lo lejos escuchó la voz que gritaba ¡Ay...Ay!... Con curiosidad el niño pregunta: ¿Quién está ahí?... y sin tardanza la voz le dice: ¿Quién está ahí? Enojado por la pregunta , el niño grita: ¡Cobardeeeee! y la voz responde pronta ¡Cobardeeeee!... El niño se vuelve hacia su padre y le dice ¿Que pasa? El padre sonriendo le dice: Presta atención hijo, entonces se vuelve hacia la montaña y haciendo bocina con las manos grita : ¡Te admiroooo ! y la voz regresa diciendo... ¡Te admiroooo!... y de nuevo el hombre grita : ¡Eres un campeoooón!... y se escucha : ¡Eres un campeoooón!... El niño observa al padre curioso pero sin entender que pasa, y el padre le explica: Mira hijo a eso la gente lo llama eco...pero en realidad es la vida, te devuelve todo lo que dices y haces. Nuestra vida sólo es un reflejo de nuestras acciones; si deseas más amor en el mundo, crea más amor a tu alrededor; si deseas más felicidad... da más felicidad a los que te rodean; si quieres una sonrisa en el alma, da una sonrisa del alma a aquellos a quienes conoces. Esto se lleva a todos los aspectos de la vida, la vida te dará de regreso exactamente aquello que tú le hayas dado. Tu vida no es una coincidencia... es un reflejo de ti.
Alguien dijo: "SI NO TE GUSTA LO QUE RECIBES DE VUELTA...REVISA MUY BIEN LO QUE ESTÁS DANDO"...