ORACIÓN DEL SIGLO XVII



  • "Señor, sabes que desde mi nacimiento voy envejeciendo y un día llegaré a la vejez.
  • Guárdame del hábito fatal de querer opinar sobre todo y en toda ocasión.
  • Líbrame del ardiente deseo de querer arreglar asuntos ajenos y ayúdame a servir sin imponerme.
  • Hazme reflexionar serenamente y sin hundirme en el mal humor.
  • Parece una lástima no aprovechar todo el caudal de mi sabiduría, pero Señor, quisiera que me quedaran algunos amigos hasta el final.
  • Impídeme el ensartar un rosario de detalles sin fin y dame alas para ir al grano directamente.
  • Sella mis labios a mis penas y dolores, aumentan con mi edad y cada año me gusta más recrearme en desgranarlos.
  • Señor, no me atrevo a pedirte la gracia de poder escuchar las letanías de mis semejantes con placer, pero ayúdame a escucharlas con paciencia.
  • Tampoco te pido, Señor, mejor memoria, pero dame más humildad y menos certeza inquebrantable cuando mi memoria esté en desacuerdo con la de los demás.
  • Enséñame la gloriosa lección que, de vez en cuando, puedo no tener razón.
  • Concédeme el ser dulce sin exageración; no deseo la santidad -con algunos santos es tan dura la convivencia- pero una persona agria es una de las obras maestras del diablo.
  • Dame, Señor, la capacidad de ver talentos insospechados y bondad en personas donde menos lo esperaba; y dame, oh Señor, la gracia de sabérselo decir.
  • Amén"

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